Surfeando el Alma

En los momentos mas oscuros, cuando crees que todo está perdido, el mar es tu gran compañero

Julieta Constantino

Desde mi infancia, el océano ha encendido en mí una pasión inquebrantable. Cada verano, mi familia y yo viajábamos a Quequen, en la Costa Atlántica Argentina, y nuestra casa, a pocos pasos del mar, se convertía en nuestro refugio durante gran parte del año. Mi madre nos llevaba a explorar la playa, recolectar caracoles, construir castillos de arena y sumergirnos en el mar. Nunca temí a su inmensidad; más bien, me cautivaba su grandeza.

Desde temprana edad, los deportes ocuparon un lugar importante en mi vida. Comencé a practicar natación y danza clásica a los seis años, pero fue el surf el que despertó una pasión incontenible en mí. Hace unos siete años, tomé la decisión de mudarme a Quequen, y desde entonces, el surf se ha convertido en un elemento esencial de mi existencia, mi ancla emocional. Experimentar la fluidez sobre las olas y la conexión máxima con el agua es una experiencia indescriptible. En la tabla, contemplo la inmensidad del océano y siento una plenitud y una sensación de completitud que no necesitan nada más. No se trata solo de surfear las olas; es la energía que emana de esa masa de agua en constante movimiento.

En 2017, me encontré con un obstáculo que desafió mi deporte. Mientras surfeaba una orillera en las playas de Quequen, sufrí una fractura en la tibia y el peroné del tobillo. Fue un año difícil, un tiempo de crecimiento personal y fortaleza interna. Pasé dos meses sin poder caminar y luego enfrenté un largo proceso de rehabilitación. Después de año y medio, finalmente regresé al agua. Superar ese obstáculo fortaleció mi determinación de volver a conectarme con el mar. Cuando estoy en el agua, todo a mi alrededor desaparece; solo existo yo y el mar, envuelta en su grandeza. Cada ola se convierte en un desafío por conquistar. He sentido miedo, pero también felicidad. He tenido dudas, pero también confianza. Esto forma parte del proceso de aprendizaje y de la esencia misma de la vida: seguir avanzando.

El corazón me late a mil cuando surfeo una ola grande y fuerte, una sensación indescriptible que solo aquellos que practicamos este deporte podemos entender plenamente. El surf ha transformado mi vida; encuentro en él un canal para mis problemas, tristezas, alegrías y frustaciones. Me he aferrado a él como a mi propia psicología, ya que cada encuentro con el mar me invita a reflexionar sobre muchas cosas. Considero que el surf es más que un deporte; es un estilo de vida. No pretendo que todos me comprendan, aunque a menudo me tachen de "loca" por despertarme a las 5 a.m. para surfear y presenciar el amanecer. Para mí, ese momento del día es mágico; me carga de energía y comienzo mi día como nueva.

Siempre he anhelado que cada persona pueda encontrar un espacio donde su voz resuene plenamente, donde no existan barreras ni juicios, y donde puedan manifestarse en su autenticidad más genuina.

Anterior
Anterior

El encanto Caribeño

Siguiente
Siguiente

Sardegna: Un Encuentro Mágico entre el Surf y el Amor